Vivir con cáncer en tiempos de Covid-19; el viacrucis de los enfermos que luchan por sobrevivir en Bolivia


Tener cáncer en Bolivia, para la mayoría de las personas equivale a una sentencia de muerte. Al dolor de la enfermedad, se suma el alto costo de los tratamientos, la falta de especialistas y de centros oncológicos. Con la llegada de la pandemia del Covid-19, el drama de los enfermos con cáncer se agravó por la falta de empleo y por no poder acceder a los tratamientos.

Muchas veces, las familias, en su intento de salvar la vida de sus queridos, terminan vendiendo propiedades, vehículos, o buscan préstamos en entidades financieras. En el caso de pacientes del área rural, ofrecen sus ganados y cultivos, que en su mayoría son único sustento.

De acuerdo con los testimonios de pacientes del Hospital de Clínicas de La Paz, para iniciar el tratamiento, lo primero que los médicos piden a un enfermo son análisis de sangre, orina, radiografías, tomografías y, ahora en tiempos de pandemia, pruebas de Covid-19 que oscilan entre Bs 800 y 1.500. Sin embargo, tras protestas del sector consiguieron que los exámenes del virus sean gratuitos.

agronat

“Sin trabajo ya no tenemos dinero ni para comida ni medicamentos, en lluvia o sol tenemos que caminar para seguir con nuestro tratamiento, esa es la triste realidad de los pacientes con cáncer hoy con el problema del coronavirus. Estamos batallando contra el cáncer y ahora nos toca con el virus”, dice Tatiana Pastrana (40), una paciente con cáncer.

En la primera ola del Covid-19, después de que se confirmara el primer caso positivo el 10 de marzo de 2020 y luego de seis días, el 16 de marzo, el gobierno transitorio de Jeanine Añez tomaba una decisión que se alargaría por casi tres meses para contener la expansión del contagio: una cuarentena rígida.

De esa manera, las calles se volvieron casi un desierto. Los autos no podían circular y la gente, en su gran mayoría, no salía de sus casas. Esa situación terminó por afectar a los pacientes oncológicos, que en su mayoría se dedica al comercio informal, como venta de golosinas, gelatinas, refrescos, verduras.

Con la ausencia del transporte público, muchos se vieron obligados a recorrer a pie largas distancias bajo la lluvia o sol, todo con el objetivo de llegar hasta el hospital para cumplir con sus tratamientos de quimioterapia o radioterapia y lograr “un día más de vida”.

El jefe de la Unidad de Epidemiología del Servicio Departamental de Salud (Sedes) de La Paz, Mayber Aparicio, remarca la importancia del diagnóstico oportuno para este sector, ya que asegura que por la enfermedad hay más riesgos porque se puede complicar en algunos pacientes que hayan dado positivo al virus.

“El diagnóstico oportuno para nosotros es importante en los pacientes con patología oncológica y el tratamiento también es muy importante, considerando que algunos, dependiendo del tratamiento que realizan, pueden estar con las defensas bajas y tenemos que tratar de evitar las complicaciones por el Covid-19 porque este sector es vulnerable”, indica.

Ante esa situación, pondera la inmunización que se lleva adelante a este sector que comenzó hace dos semanas en el municipio paceño. “Estamos priorizando la vacunación para los pacientes con patología oncológica”, dice.

El galeno no precisa a cuántos enfermos se beneficiarán de la dosis contra el virus, empero señala que son más de 1.000 pacientes con diferentes diagnósticos como cáncer de mama, cuello uterino, de pulmón, intestinal entre otras patologías.

“Me quería morir junto a mis hijos”

Cuando Tatiana Pastrana descubrió que tenía cáncer de mama el 2017, pensó en el suicidio. La enfermedad causó estragos en su vida, su pareja y padre de sus tres hijos (12,9 y 6) la dejó a su suerte, perdió su trabajo y con la llegada de la pandemia acceder a salud es una “pesadilla”. La misma situación viven Guadalupe, Felisa y Rosa, todas son pacientes con cáncer.

Tatiana vive en la urbanización Virgen de Copacabana en Los Rosales en el macrodistrito Sur y caminaba hasta la 21 de Calacoto en la zona de San Miguel, unos 4 kilómetros, para alcanzar a la ambulancia que la trasladaba hasta el hospital de Clínicas.

Relata que en febrero de 2020 terminó ocho sesiones de quimioterapia y después de peregrinar por atención como un mes, inició con el tratamiento de radioterapia para combatir el cáncer de mama. Todos los días debe salía de su casa para cumplir con sus sesiones

Cuenta que desde que el Gobierno instruyó cuarentena por el coronavirus en territorio nacional, todos los días caminaba 60 minutos desde su vivienda hasta el puente Los Rosales, ubicado en su misma zona, para esperar a la ambulancia del nosocomio miraflorino, que la trasladaba hasta Oncoservice, que queda en Mallasa.

ANF