Puerto Pérez guarda secretos ancestrales e invita a conocer sus misterios escondidos


Misterios del lago Titicaca es un proyecto de turismo integral en el que participan habitantes de las comunidades de Quehuaya, Pariti, Pata Patani y Tirasca. La iniciativa se convirtió en una alternativa para generar recursos económicos, mostrar la belleza de sus paisajes y su invaluable riqueza cultural.

El municipio de Puerto Pérez está ubicado al norte del lago Titicaca, a dos horas desde la ciudad de La Paz, sus tierras cobijan una infinidad de secretos ancestrales. Entre la paja brava y el viento frío que golpea con fuerza el rostro de sus habitantes, existen innumerables piezas arqueológicas sepultadas en sus fértiles tierras, que aún no fueron descubiertas.

Desde el periodo arcaico, considerado por muchos antropólogos como la etapa donde se descubrió la agricultura y ganadería, cientos de campesinos se levantan incluso antes que el sol, se dirigen a sus parcelas para trabajar la tierra ataviados en la necesidad de proteger lo único que heredaron de sus ancestros.

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Labran las planicies, repuntan una y otra vez la picota, la pala les sirve como instrumento de apoyo. Entre toda esa tierra que va matando el aire y creando partículas minúsculas de polvo se ocultan fragmentos de tiempos inmemoriales.

Los días no se cuentan en el campo, ni el tiempo, sólo el cielo marca su jornada laboral. Aquellos campesinos de ojos vivaces, rostro compungido marcado por los rayos del sol tienen historias milenarias que contar, sus relatos pasaron de generación en generación y se niegan a quedarse en el olvido.

El arqueólogo Víctor Plaza destacó que las exploraciones en el municipio de Puerto Pérez se realizaron desde 1933, sin embargo en 1998 el proyecto boliviano finlandés denominado Chullpa Pacha se encargó de desentrañar los misterios escondidos en las comunidades de Quehuaya, Tirasca, años más tarde se harían exploraciones en Pata Patani y Pariti.

 “Por sus características técnicas, morfológicas e iconográficas, las mismas constituyen la colección más importante de cerámica Tiwanaku contextualizada”, dice el informe del Hallazgo Cerámico Tiwanaku de la Isla Pariti del Lago Titicaca, elaborado por Isaac Callizaya y Juan Villanueva en 2018.

La momia Tani de Pata Patani

El responsable de turismo del municipio de Puerto Pérez, Isacc Callizaya, contó que la ruta turística denominada Misterios del Titicaca está compuesta por cuatro poblados que conforman un circuito de museos comunitarios.

Pata Patani es una comunidad aymara que resguarda un legado importante de patrimonio cultural arqueológico, su gente se dedica a la siembra, elaboración de artesanías y la pesca.

Los  pobladores, al igual que en las otras islas, se autoorganizaron para recibir a sus visitantes, a quienes acogen con una hermosa y colorida guirnalda elaborada con flores frescas.

Zampoñas, quenas, bombos y el sonido agudo de la flauta avisan a toda la comunidad que llegaron turistas, así al ritmo de su danza típica, el chayaw anata, se dirigen bailando rumbo al museo donde un guía local los espera para explicar toda la colección que se exhibe en su museo.

El lugar está conformado por dos salas, una grande y otra pequeña, allí se muestran elementos arqueológicos que datan desde la época de los Pacajes o Pacaza (cultura posterior a la época de Tiwanaku, fue un grupo que habitó el territorio situado al sureste del lago Titicaca).

Dentro del museo se pueden encontrar momias, chullpas, sandalias, bolsones de cuero, algunos materiales líticos, gorros y textiles elaborados de alguna fibra. Lo que se destaca del hallazgo son los restos de coca que se encontraron junto a la momia Tani.

“Lo que significa que ya hubo, desde tiempos prehispánicos, el empleo de la coca posiblemente para celebrar ceremonias o rituales”, contó Callisaya.

 Según la tesis ‘Estrategias de marketing para el emprendimiento turístico Misterios del Titicaca’, elaborada por Beatriz Tórrez e Isabel Gutiérrez, la momia Tani, llamada también la Dama del Chullpar,  fue encontrada con todo su ajuar funerario en una de las chullpas rescatadas en la comunidad de Tamaraya.

“Después de la visita al museo, el guía los lleva a través de un sendero hacia los chullpares de Taramaya. El paisaje desde esas alturas es espectacular y único. Los atardeceres resplandecen la cordillera de los Andes en cadena, desde el Illampu hasta el Illimani”, destacó el guía turístico.

En el lugar se puede observar una gran cantidad de viviendas y tumbas de piedra en forma de torres, conocidas como chullpas (sirve para designar a alguien extremadamente flaco y huesudo, con el aspecto actual de las momias altiplánicas que presentan una pronunciada desecación).

Además de la momia Tani, lo que llama la atención a los visitantes son los restos de un niño con el cráneo deformado, que se presume que era de alta sociedad.

“Solamente las personas importantes tenían así la cabeza, porque les ponían una faja para apretarla y así los diferenciaban del resto”, explicó Emilio Machaca, otro guía comunitario.

Las tumbas subterráneas de Tirasca

Tirasca es una comunidad aymara que se asienta sobre las orillas del místico Titicaca, sus pobladores se dedican a la actividad agrícola, crianza de ganado y pesca. Los habitantes de estas tierras mágicas son herederos de innumerables tradiciones que aún las practican, además custodian el patrimonio arqueológico de sus antepasados.

“Tirasca es una comunidad que tiene muchas potencialidades y un legado de patrimonio cultural arqueológico de mucha importancia, ahí se descubrieron tumbas subterráneas”, contó el guía turístico, lugar que los pobladores de Tirasca muestran a sus visitantes en un inolvidable recorrido.

“A media mañana, las autoridades del pueblo se concentran para dar la bienvenida a los visitantes, luego se dirigen al muelle principal, donde un par de lanchas y botes esperan para navegar hacia el poblado de Qhanaskiya”, relató.

Qhanaskiya significa en aymara (lugar que brilla)  es una pequeña isla ubicada a 20 minutos de navegación. Una antigua leyenda revela que en el fondo de esta isla se encontraban tesoros escondidos. Al llegar un maestro yatiri hace una ofrenda ceremonial pidiendo al achachila (anciano) bienestar para todos los visitantes.

Según los datos de la  Organización de las Naciones Unidas para la Educación y la Cultura (Unesco), las investigaciones desarrolladas por el oceanógrafo francés Jacques-Yves Cousteau en 1968 y Johan Reinhard en 1989 y 1992 sirvieron para catalogar a la pequeña isla Qhanaskiya como un centro ceremonial tiwanacota, por las piezas arqueológicas encontradas dentro de sus aguas.

“Las observaciones arqueológicas que contemplaron 220 días de investigación trajeron a la luz una veintena de sitios sumergidos y más de 20 mil objetos que datan desde el período de Tiwanaku (300-1150 d.C.) hasta la época inca (1400-1532 d.C.). Entre los sitios sumergidos se hallaron lugares donde se llevaban ofrendas indígenas, puertos prehistóricos y antiguas aldeas sumergidas”, detalla el informe de la organización.

La danza típica de la comunidad de Tirasca es el qarwani, los aldeanos interpretan estos ritmos ancestrales para dar la bienvenida a sus visitantes y al ritmo de zampoñas se dirigen hacia las tumbas subterráneas que datan desde la época tiwanacota.

El museo fue creado el año 2.000, uno de sus atractivos es la sala donde se exhibe el proceso de elaboración de los textiles. En ella se puede apreciar cómo se utilizaban las plantas nativas del lugar para teñir la lana con diferentes colores y también para su uso medicinal.

Tirasca destaca por sus colores naturales, sus cálidos anfitriones y su variedad de producción agrícola. Los comunarios ofrecen su riqueza alimenticia a sus visitantes, donde la papá, oca, haba, chuño, tunta, kaya y q’ispiña forman parte de un gran banquete que se ofrece al recién llegado.

El año 1998, con el proyecto Chullpa Pacha, se descubrieron alrededor de 20 tumbas subterráneas que datan desde la época de Tiwanaku, las cuales fueron tingladas para su conservación. 

“Dentro de las tumbas se encontraron restos humanos junto a ofrendas ancestrales como kerus, cerámica que se exhibe en la pequeña sala del museo comunitario de la localidad de Tirasca”, describió Callizaya.

Las 300 chullpas de Quehuaya

La isla de Quehuaya también denominada Kala Uta (casa de piedra) se encuentra a una hora de Pata Patani. El arqueólogo Víctor Plaza explicó que los chullpares corresponden al año 1.100 después de Cristo hasta la llegada de los incas, aproximadamente en el año 1.470.

“En el lugar también se hallaron materiales pretiwanacotas, estamos hablando de la cultura chiripa, es decir algunos cientos de años antes de Cristo”, precisó Plaza.

El arqueólogo detalló que los chiripas habitaron esas tierras hace 600 a 800 años antes de Cristo, éstos ya practicaban rituales ancestrales y la domesticación de canes.

“En la exploración se evidenció la presencia de restos óseos de cráneos de perros y eso nos ha dado la idea de que para esos años los pobladores practicaban rituales en los que incluían el descabezamiento de los caninos”, rescató Plaza.

El responsable de turismo del municipio de Puerto Pérez explicó que en el lugar se encuentran más de 300 estructuras prehispánicas que se asemejan a una sorprendente ciudadela. “Quehuaya pudo ser una gran necrópolis de los señoríos aymaras con chullpares o enterratorios hechos de piedra a manera de torres”, destacó.

La investigación desarrollada sobre el lugar y cuyo registro se encuentra en la página web del municipio de Puerto Pérez menciona que en las ruinas de Quehuaya se encontraron evidencias de la presencia de los señoríos aymaras postiwanacotas en el área y el paso de los incas, quienes habían construido la ciudadela hacia el año 1450 de nuestra era.

Quehuaya cuenta con el primer museo comunitario de Puerto  Pérez, en el cual se exhibe una importante colección de piezas arqueológicas que narran una larga historia cronológica desde la cultura chiripa, hasta periodos actuales.

En el lugar también se puede encontrar un albergue comunitario, donde se puede pasar la noche para visitar otras islas como Pariti y Suriqui. Incluso aprovechar de visitar Tirasca, a 15 minutos de caminata, donde también existe otro museo comunitario.

“La isla Quehuaya es una de las comunidades que se creó cuando el nivel del agua estaba muy alto, ahora ya no se puede decir que sea una isla, pero el denominativo continúa”, contó  el guía turístico.

Callisaya explicó que en el museo se puede encontrar una réplica de una chullpa, materiales cerámicos como kerus, restos óseos de humanos que datan del periodo de los pacajes, materiales líticos, metales y otras piezas que distinguen en el periodo de los incas.

“Hay una pieza tallada que se encontró en material de la concha marina, lo que significa que hubo relación con las culturas de la costa, porque no se explica ese hallazgo”, contó.

Otro de los atractivos turísticos del lugar es Chiwasa (ave medicinal), es una isla flotante construida sobre totora, la base que sostiene la isla es natural, posee pequeñas habitaciones, un mirador, espacio para preparar alimentos de manera ecológica y además se exponen artesanías.

El secreto milenario de Pariti

Según el documento ‘Hallazgo cerámico Tiwanaku de la isla Pariti, lago titicaca Bolivia’, escrito por Isaac Callizaya y Juan Villanueva, el año 2003, cuando se trabajaban las excavaciones para el proyecto arqueológico Chachapuma, fueron contactados por un comunario pariteño, quien atrajo a los arqueólogos mostrándoles varios fragmentos cerámicos de singular calidad. Fue así que se descubrió una fuente invaluable de piezas arqueológicas.

Según el libro de Juan Villanueva, Iconografía en escudillas de Pariti, publicado el año 2003, la isla es concebida como un paisaje sacro, con espíritus que habitan las alturas y otras zonas de la religiosidad católica que comparte espacio con los ritos andinos, vinculadas al ciclo estacional.

“Algunos de los ritos importantes que aún hoy se realizan son el ch’ijch’i pasa, en el cual personas designadas suben a las alturas de la isla para capturar el granizo y bajan hacia la orilla para amarrarlo en los totorales. El granizo es visto como un agente perjudicial para la pesca y la agricultura”, menciona el texto.

Para Callizaya, el museo de Pariti es una de las colecciones mejor documentadas por poseer cualidades únicas en sus diseños y elaboradas con mayor calidad.

“Se hallaron aproximadamente 556 piezas en la isla, sólo parte de esta colección se exhibe en el museo de esta comunidad, como el señor de los patos y rostros de personas”, resaltó.

El museo se inauguró en septiembre de 2006, sin embargo no cuenta con el espacio suficiente para albergar la increíble muestra arqueológica que ofrece a sus visitantes. Callizaya lamentó que de todas las piezas arqueológicas al menos 104 se encuentran en el Museo Nacional de Arqueología de La Paz, las cuales no han retornado a su lugar de origen.

“Todos los comunarios esperan que estas piezas pueda retornar a la comunidad, ésa es la añoranza de los pobladores de Pariti, estos restos fueron llevados a La Paz con la finalidad de restaurarlos, pero con el compromiso de volverlas a traer, y no ha sido así”, lamentó Callizaya.

Artesanías en totora

Don Óscar Limachi es un artesano que trabaja con la totora desde sus 24 años. Creció viendo de cerca el trabajo que realizan sus padres para labrar la tierra y el sacrificio que implica la vida del campo, por eso a sus cincuenta años aún no olvidó las palabras de su padre cuando le encomendó, antes de morir, que cuide de su madre y de sus tierras.

“Recuerdo que antes los turistas venían y nos regalaban dinero a todos los que vivíamos en el campo, cómo van a hacerse regalar plata, nos reñía el achachila, si quiera hagan algo y eso denles a cambio, nos recomendó. Así fue como todos los campesinos empezamos a trabajar la totora, hicimos patos, llamitas y diversos adornos”, recordó don Óscar.

El artesano contó que las artesanías en totora son muy buscadas por los turistas extranjeros. Antes de la pandemia el lugar estaba repleto de visitantes de otros países que se interesaban mucho sobre las leyendas, la arqueología y la cultura del lugar.

Movido por la curiosidad de aquellos hombres y mujeres de otras tierras, don Óscar decidió autoformarse sobre la historia de sus antepasados para brindar toda la información a los turistas extranjeros y locales.

“Me preguntaban cosas extrañas y yo ignoraba, por eso decidí formarme para explicar a esas personas el significado de las piezas arqueológicas y un poco sobre nuestra cultura”, contó.

A través de los años, don Óscar se convirtió en un experto en el manejo de la totora, incluso ofrece algunos cursos a las escuelas cercanas a su comunidad para que las nuevas generaciones también valoren el uso de esta planta ancestral y de múltiples usos.

Al artesano que ya vivió medio siglo contemplando inolvidables amaneceres en ese lugar de míticas leyendas, hablar de sus tierras, su comunidad y su familia lo emociona hasta las lágrimas, por eso juró que jamás dejaría la tranquilidad que sólo ofrece la vida en el campo.

Por la pandemia muchos comunarios se sintieron desalentados, pues el lugar se convirtió en un pueblo olvidado, donde rara vez llega algún visitante. Don Óscar llamó a todos los bolivianos a que visiten el municipio de Puerto Pérez y conocer toda su riqueza cultural.

“Estamos en las orillas del lago Titicaca, tenemos muchos atractivos. Invito a todos los bolivianos a que puedan visitarnos para Semana Santa, contamos con cómodas habitaciones y un servicio de calidad que ofrecemos los mismos comunarios”, destacó.

El enigma que ocultan esos paisajes paradisiacos, su belleza y riqueza cultural hacen a Puerto Pérez un destino turístico imprescindible de visitar. Para conocer más sobre los sitios arqueológicos y la ruta turística Misterios del Titicaca puede contactarse al 71945180 o al 71279345.

Cuidar el patrimonio

El arqueólogo Víctor Plaza destacó la importancia del municipio de Puerto Pérez en la riqueza arqueológica y cultural de nuestro país, sin embargo lamentó que en los últimos años se abandonó este patrimonio histórico que deberían proteger todos los bolivianos.

“Lo que necesitamos es que se revalorice e impulsen proyectos de exploración en estos lugares que tienen mucha riqueza arqueológica. El municipio, Gobernación y el Gobierno central deben cuidar y preservar este patrimonio que no es sólo de los pobladores o de quienes lo sentimos, sino es de todos los bolivianos”, resaltó Plaza.

El arqueólogo encomendó a las autoridades realizar un trabajo de difusión, instrucción y sensibilización sobre estos sitios arqueológicos para que todos los ciudadanos sepan que estas piezas representan una herencia invaluable dejada por nuestros ancestros.

Periódico Bolivia