¿SOLIDARIDAD? BIEN, GRACIAS


Ha llegado el coronavirus a Bolivia. Solo la noticia de su aparición ha causado una especie de sicosis en los habitantes de Oruro y Santa Cruz, donde se confirmaron los primeros casos. Las farmacias se abarrotaron de gente que buscó lo esencial: barbijos.

De forma paralela, los oferentes de este producto comenzaron a subir los precios. No solo eso, los ocultaron.

Lo mismo pasó con el alcohol en gel, un producto escaso que inoportunamente algunos directores de unidades educativas de
manera irresponsable exigieron a los estudiantes en un momento tan crítico en varios puntos del país. La “sicosis” — enfermedad mental caracterizada por delirios o alucinaciones, como la esquizofrenia o la paranoia— también se extendió a otras urbes por el mismo motivo.

En ese contexto, fue apropiada la decisión del Gobierno de suspender las clases en todos los niveles educativos.

No se puede jugar de esa manera con la voluntad de los padres y madres que angustiados peregrinaron en busca de esos insumos. Menos se puede permitir que los comerciantes especulen y afecten la economía de los que menos tienen. Aunque los controles de las autoridades han mejorado,
aún falta.

Éstos deben concentrarse en los centros de abasto más concurridos porque hasta el alcohol normal, el de 90 grados que se utiliza por ejemplo para atizar, ha sido demandado con una frecuencia impensada.

En este clima de incertidumbre debe primar la solidaridad. Claro que hay
preocupación, pero ante todo urge que se deje de lado el egoísmo.

Este evento sanitario, catalogado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como pandemia, debe ser una oportunidad de estrechar lazos para formar cadenas de ayuda a los que menos tienen.

Todos tienen derecho a estar protegidos. No pude ser de otra manera.

Sin embargo, es responsabilidad de la población informarse correctamente.

Hay que mantener la higiene impecable y no caer en pánico.